‘El gusto francés’: la exposición que analiza cómo el arte galo se impuso en España

La cultura y la estética gala predominaron en España a lo largo de tres siglos (XVII-XIX), inundando la escena artística con un carácter clasicista y propagando su magnificencia. La última exposición de Fundación MAPFRE muestra el auge del lujo francés, en detrimento del costumbrismo español.

 

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Jean-Honoré Fragonard. El sacrificio de Calírroe, 1765. Óleo sobre lienzo, 65 x 81 cm. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid. (nº inv. 0710). Foto © Pablo Linés.

 

Tras una época de esplendor europeo, España despertó de su pompa hegemónica en el siglo XVII, un tiempo en el que la decadencia de la monarquía comienza a perder fuerza y el poder del reino se recrudece en favor de la vecina Francia.

El monarca galo Luis XIV convertirá a su nación en la potencia política y económica, además de en el referente estético y cultural de su tiempo. El país pasa entonces a inundar la estética artística mediante la fundación en París de la Academia Real de Pintura y Escultura (1648) y de las reales manufacturas, imponiendo su estilo de carácter clasicista.

Como resultado, las culturas española y francesa se interrelacionaron e influenciaron entre sí en una época artística que la última exposición de Fundación MAPFRE en la Sala Recoletos de Madrid se encarga de rescatar y que puede visitarse hasta el próximo 8 de mayo.

A través de diez secciones y un epílogo, la muestra El gusto francés y su presencia en España (siglos XVII-XIX), comisariada por Amaya Alzaga, analiza la presencia del arte galo en nuestro país a lo largo de tres siglos: desde la llegada de las primeras piezas durante el reinado de Carlos II y su consolidación en el gobierno Borbón, hasta su decadencia en 1870, momento en el que España se convierte en un modelo romántico.

 

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Antoine-François Callet. Luis XVI, ca. 1778-1779 Óleo sobre lienzo, 275 x 193 cm. Museo Nacional del Prado (nº inv. P002238). © Archivo Fotográfico. Museo Nacional del Prado. Madrid.

 

En El gusto francés, el público podrá adentrarse en esta relación franco-española a través de numerosas pinturas (45), dibujos (16), esculturas (8), piezas de artes suntuarias y decorativas (31), así como objetos de uso cotidiano.

Hay que remontarse al reinado de Luis XIII para encontrar el germen de la edad de oro para la pintura francesa. Junto a su consejero, el cardenal Richelieu, animaron el mercado del arte patrio y, tras la muerte del monarca, la regente Ana de Austria continuó la tarea, reforzando las relaciones con su país natal con el envío de retratos como el de Luis XIII, realizado por Philippe de Champaigne.

Más adelante, Luis XIV siguió la senda marcada y entre los presentes que intercambiaba tras las alianzas matrimoniales con la casa real española para sellar la paz, se encontraban artes suntuarias, mobiliario, libros de decoración, textiles, objetos de orfebrería y, sobre todo, retratos.

Su esposa María Teresa de Austria fue retratada en numerosas ocasiones, como en María Teresa de Austria y el Gran Delfín de Francia (ca. 1664), obra de los primos Charles y Henri Beaubrun. También cabe resaltar los retratos del Gran Delfín por artistas franceses, enviados como regalos diplomáticos a España, como Retrato ecuestre del Delfín de Francia a los tres años, 1665, de Jean Nocret.

 

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Louis-Michel Van Loo. María Antonia Fernanda de Borbón, infanta de España, ca. 1737. Óleo sobre lienzo, 88,3 x 71,3 cm. Museo de Bellas Artes de Asturias. Depósito de la colección del IX conde de Villagonzalo (nº inv. 11524). Foto © Marcos Morilla.
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Charles y Henri Beaubrun. María Teresa de Austria y el Gran Delfín de Francia, ca. 1664. Óleo sobre lienzo, 225 x 175 cm. Museo Nacional del Prado (nº inv. P002291). © Archivo Fotográfico. Museo Nacional del Prado. Madrid.

 

Con la llegada de los Borbones a España, el gusto francés vive su máximo apogeo. En 1735, Louis-Michel Van Loo se convierte en el primer pintor del rey y en director de pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fundada en 1752. Suyo es el retrato María Antonia Fernanda de Borbón, infanta de España, ca. 1737, presente en la muestra.

Son años prolíficos para el arte galo y se crean las reales manufacturas, como la Real Fábrica de Loza y Porcelana de Alcora o la Real Fábrica de Cristales de La Granja.

Por su parte, Carlos IV centró su gusto por los objetos de lujo galos en el Gabinete de Platino de la Real Casa del Labrador en Aranjuez, decorada con las mejores sedas lionesas, bronces, ebanistería, mobiliario y pintura franceses. Conocido como “el rey relojero” por su conocido gusto por estos objetos, proporcionados por su relojero de cámara, François-Louis Godon.

A comienzos del siglo XVIII, la miniatura francesa pasó a ser uno de los géneros pictóricos más demandados por la aristocracia. Ejemplo de ello es María Luisa de Borbón-Parma y su hijo el infante Francisco de Paula, en los jardines de Aranjuez, 1805, de Joseph-Marie Bouton.

 

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Jean-Démosthène Dugourc. Escena costumbrista, 1813 Lápiz y acuarela sobre papel, 19 x 27 cm. Instituto Ceán Bermúdez, Madrid. Foto © Pablo Linés.

 

Tras la Revolución Francesa, nobleza y aristocracia conviven de manera más igualitaria, y la moda adquiere un carácter más sobrio, neoclásico, mientras que la pintura adoptó un aire más pintoresco, tal y como vemos en Escena costumbrista (1813), de Jean-Démosthène Dugourc.

A partir de 1830, los románticos franceses llegan a la Península buscando retratar el paisaje y las costumbres españolas, hasta entonces denostadas, reflejo de una España símbolo de libertad. Eugène Delacroix desembarcará en el país dos años más tarde, junto a una serie de pintores que retratan a mendigos, gitanos, bandoleros y vagabundos por todo el territorio.

 

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Gustave Doré. Los vagabundos, ca. 1868-1869. Óleo sobre lienzo, 197 x 95 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao (nº inv. 20/217). © Bilboko Arte Ederren Museoa-Museo de Bellas Artes de Bilbao.
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Jean-Baptiste Achille Zo. Vendedor de fruta en Sevilla, ca. 1864. Óleo sobre lienzo, 116,3 x 89,6 cm. Colección BBVA (nº inv. P01666). Foto © David Mecha.

 

Eran tiempos del reinado de Luis Felipe de Orleans, quien deseaba hacerse con una Galerie espagnole para el Louvre y para la que llegó a reunir 412 lienzos. Figuras como Antonio de Orleans, desde su palacio de San Telmo en Sevilla, impulsaron la nueva imagen española, junto al pintor Alfred Dehodencq. Además, la seda, la lencería, los espejos y la joyería francesa llegaron a Madrid para encandilar a la corte española, con Eugenia de Montijo como máxima exponente.

El gusto francés también cuenta con obras de Édouard Manet, Henri Fantin-Latour y Théodule-Augustin Ribot, realizadas entre 1860 y 1870, en las que se evidencia ese cambio en la mirada a España, que tras ser denostado por el auge del arte galo, volverá poco a poco a recuperar su prestigio.

Hasta el 8 de mayo de 2022 en la Sala Recoletos de Madrid

 

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